UN VIERNES FELIZ

UN VIERNES FELIZ

Corría el año 2004. Más precisamente, era octubre del año 2004. Hacía apenas trece días había cumplido 10 años y estaba en cuarto grado de la primaria.

Era un día viernes e iba al colegio en el turno tarde, y si bien nunca me gustó faltar porque “me iba a perder un montón de cosas”, ese año, los días lunes, miércoles y viernes no me permitía no ir al colegio por nada del mundo porque tenía inglés. Si, una materia que odié toda la vida y que siempre me costó mucho. Por ese motivo, es que mi asistencia esos días, era perfecta.

Ese viernes 22 de octubre, mi mamá me despertó como cualquier otro día. Era un día normal, terminaba la semana y mi fin de semana iba a arrancar a las seis de la tarde cuando saliera del colegio. Pero un rato antes del almuerzo, mi papá, que hasta ese momento estaba trabajando, llega a mi casa, y desde la puerta me grita “Aylén, nos vamos a Mar del Plata”.

Para ser sinceros, la noticia no me gustó nada. ¡No quería faltar al colegio y perderme la clase de inglés, después no iba a entender nada!, pensaba. Así que, valiente, le dije a mi papá que no quería ir a Mar del Plata, y le expliqué el motivo. Cuando terminé de hablar, me dijo “nos vamos a Mar del Plata a ver a Vélez”. Como se imaginarán, inmediatamente cambié de idea. Ya estaba vestida con el uniforme del colegio pero, así como me lo había puesto, me lo saqué y me puse otra ropa, lista para ir a la cancha.

Esa noche, el Fortín iba a disputar la fecha 12 del Torneo Apertura en el Estadio José María Minella ante Huracán de Tres Arroyos. Y ahí fuimos, rumbo a Mar del Plata a alentar a Vélez.

En ese momento no teníamos auto, por eso, fuimos hasta La Feliz en el de mi abuelo, ¡éramos seis en un Fiat Marea!: mi abuelo, mi abuela, mi mamá, mi papá, mi hermana y yo.

Llegamos a Mar del Plata a la tardecita. Fuimos a sacar las entradas y de ahí nos fuimos a una cafetería a tomar un submarino acompañado de churros rellenos de dulce de leche, ¡era primavera pero hacía mucho frío!

Nos quedamos en la cafetería haciendo un poco de tiempo, esperando que se acerque la hora del partido, y resguardándonos del frío, y salimos para el Minella.

Mucho no recuerdo del partido, solo tengo presente que Vélez tuvo varias chances de convertir pero, el gol, por una cosa o por otra, no llegaba más. Hasta que, casi al final del primer tiempo, Lucas Castromán marcó el 1 a 0 con un golazo. Lo que restó del partido fue puro nervios, porque ellos se acercaban y estuvieron cerca de convertir en varias oportunidades, y nosotros no podíamos ampliar la ventaja. Por suerte, el partido culminó a nuestro favor y nos trajimos los tres puntos para Liniers.

Me volví feliz de La Feliz. No solo porque había pasado un viernes distinto, yendo por primera vez a ver a Vélez a un lugar que no era el José Amalfitani, ¡y encima habíamos ganado!, sino también porque compartí ese día con mi familia. No solo con mi familia de sangre, también con la familia fortinera. Porque como digo siempre, y como me lo enseñaron en casa desde chica, Vélez es familia.

Aylén Nicolini

@aylennicolini