UN CAMPEONATO SOÑADO

UN TÏTULO SOÑADO

Ese fin de semana no era uno cualquiera, ese domingo gran parte de la historia moderna del club se jugaba la parada más brava. Una última fecha de campeonato, que se transformó en una final. Por esos caprichos que tiene el fútbol, porque en esa fecha el escolta Vélez recibía al puntero Huracán. El equipo de Parque Patricios se había transformado en el preferido de un periodismo que ponderaba a un DT cuyo único mérito era hablar bonito.

De un lado estaba un equipo del que hablaba el periodismo y del otro estaba un equipazo comandado por un técnico impresionante. Con el correr de los años la realidad puso a cada uno en su lugar, uno ganando varios títulos y clasificando a una selección de tercer orden al mundial… Mientras que el charlatán terminó alejándose del fútbol luego de ser partícipe en el descenso de tres equipos diferentes.

Todos la  vendían como la gran final, como el choque de estilos y cada uno se paró de una vereda. La gran mayoría estaban del lado del equipo chico, que solo tenía un título en su historia. Mientras que El Fortín ya era una molestia importante para los supuestos grandes, ya superaba a uno y le hacía sombra a otro; por lo que hasta los rivales más acérrimos de Huracán querían que el Globo fuera campeón. ¿Será que de tantas mudanzas ya se habían olvidado de qué barrio eran?

Como si se necesitara algo más hubo que esperar una semana más para que se jugara el partido, el país estaba bajo la Gripe A, que era como un presagio de lo que estamos viviendo.

Esa semana la vivimos a pura tensión, porque si bien Vélez tenía un equipazo, estábamos un punto abajo y solo nos servía la victoria. Un gran amigo mío es hincha de Huracán y arrancó la semana queriendo apostar algo, pero con el correr de los días se empezó a notar entre nosotros la experiencia de jugar finales. Mientras yo me tranquilizaba él se iba poniendo cada vez más nervioso.

El sábado y, como previa, nos juntamos al mediodía  a tomar unas cervezas y a hablar de cualquier cosa menos del partido, pero ya cuando le habíamos pedido la cuenta al mozo, él no pudo contenerse y soltó: “¿Cómo estás para mañana?” Mi respuesta tuvo la virtud de descolocarlo: “Bien, tranquilo. Anoche soñé con mi abuelo que se apareció solo para decirme que me quedara tranquilo porque ganábamos”.  El silencio de ambos se prolongó hasta que nos trajeron el vuelto, nos despedimos con un abrazo y la promesa que cualquiera fuera el resultado nos íbamos a respetar.

Llegó el domingo y la verdad que no vale la pena aburrirte con el detalle de lo sucedido, nada fue normal esa tarde, ni el frío, ni la lluvia, ni el granizo, ni el calor que hizo después. Lo que para mí sí fue normal fue ver al gigante Moralez tirarse con todo para ir por la gloria y te soy sincero, aunque yo ya sabía el final solo pude mirar para arriba y decirle gracias…mientras la lágrimas inundaban mis ojos, las mismas que vuelven mientras te lo cuento.

 

Juan Pablo Muzzio

@jpmuzzio72