UN RECUERDO PARA LOS QUE NO RECUERDAN

UN RECUERDO PARA LOS QUE NO RECUERDAN

 

Este recuerdo lo quiero compartir con vos, que sos fortinero y tenés unos 25 años o menos.

El 1° de diciembre de 1994 eras chico y seguramente no recordás lo que fue esa mañana ni la previa de ese día. Yo tampoco era muy grande, pero empezaba a tomar conciencia de lo que nos estaba pasando.

Estábamos en la cima del mundo futbolístico, literalmente hablando. Pero era otro mundo, no el de hoy. Sabíamos que era el Milan, por supuesto. Sabíamos que era bicampeón europeo y esa noche japonesa estaba defendiendo el título mundial. Pero ¿quiénes y cómo jugaban en ese equipo? Los nombres los conocíamos por algunos diarios o notas periodísticas que veíamos cada tanto y que en los días previos se difundieron un poco más. Y lo de poco es generoso, porque a pesar del campeonato del 93 y la Libertadores de ese año, los medios nos daban menos pelota que ahora.

Y encima eran muchos menos los medios. Internet no figuraba ni en nuestra imaginación, y el cable recién estaba masificándose. Con suerte podíamos ver uno o dos partidos europeos los fines de semana y no siempre los que jugaban estos equipos súper poderosos. Para que te des una idea, algunos canales arrancaban la transmisión cerca del mediodía.

Pero volviendo a imaginar contra quién jugábamos, más allá de lo poquito que podíamos saber por la televisión, sin internet, tampoco teníamos la Play para “informarnos” de quién le pegaba bien en los tiros libres, cuál era el defensor que mejor cabeceaba, el más rápido o el más lento. Apenas teníamos un Nintendo o un Sega, con jueguitos que ni siquiera podían usar los nombres reales de los jugadores.

Lo que sabíamos era que a varios los habíamos visto unos meses antes definir un Mundial. Otros no habían llegado a la definición, pero habían estado ahí.

En síntesis, jugábamos contra leyendas. Casi en el sentido más literal de la palabra: Relato basado en un hecho o personajes reales, deformado o magnificado por la fantasía o la admiración.

Magnificados por la fantasía o la admiración. Y los nuestros, los reales, los terrenales, fueron las verdaderas leyendas.

 

Alejandro Germino

ale@somosvelez.com.ar

@alegermino