UN COMPORTAMIENTO PARA DESTACAR

Fue una semana en la que los medios nacionales quisieron instalar un clima de violencia, hicieron creer que jugar en el Estadio José Amalfitani era una cuestión de altísimo riesgo por la agresividad manifestada por el hincha de Vélez hacia un ex jugador de su equipo que abandonó el club a los pocos días de haber dicho que se quedaba.

En las horas previas al partido la entrada del Amalfitani estaba vallada cual Congreso de la Nación. La llegada del micro visitante tuvo un operativo policial similar a los vistos durante las reuniones del G-20: motos, camionetas, cortes de calle, para que el micro ingrese tranquilamente al estadio. Al momento del partido el clima hostil se hizo sentir. Primero se marcó la diferencia entre el ídolo y quien vendió su lugar en la historia del club. La ovación a Chilavert fue mucho más que el reconocimiento, fue también la muestra de que el hincha de Vélez sí es agradecido con quien cumple con su palabra. La salida del equipo fue a puro aliento, con los globos de colores y los cuatro costados dando su apoyo a un grupo de jugadores con los que se siente identificado.

Luego llegarían los cánticos contra el ex jugador recordando la traición que el hincha siente como imperdonable. La única mancha de la noche puede ser el hecho de haber superpuesto los insultos al himno nacional, aunque debe decirse que en algunos sectores nunca se escuchó el inicio como tampoco se supo que se hacía un minuto de silencio.

Con el correr de los minutos los silbidos e insultos cada vez que el visitante tocaba la pelota fueron menguando, justamente por la poca participación que tuvo. Al final del partido la despedida fue una nueva muestra que es casi unánime el rechazo a su persona, más allá de lo que él crea, pero el cierre de la noche fue pensando en Vélez. El pedido a los jugadores que “en La Boca, cueste lo que cueste, tenemos que ganar.” Estaban a la espera de un comportamiento de animales, pero la gente de Vélez demostró estar a la altura.

Alejandro Germino

@alegermino