THE LION OF WEMBLEY

En la página oficial Gabriel Martínez y  Osvaldo Gorga escribieron un hermoso homenaje a Miguel Ángel Rugilo, en Somos Vélez  queremos compartir  ambos recuerdos

Muchas Gracias Osvaldo y Gabriel por tan hermoso homenaje

 

 

Miguel Rugilo nació en Buenos Aires el 19 de enero de 1919 y debutó en primera divisiónen 1938 en el marco de una victoria ante Almagro por 6 a 0. El 9 de mayo 1951, el arriesgado y corajudo guardameta de físico contundente y espesos bigotes con forma de manubrio- sello distintivo de su fisonomía- vivió su jornada consagratoria cuando se transformó en la figura estelar del choque amistoso entre Argentina e Inglaterra disputado en territorio inglés.

En la luminosa tarde del 11 de Abril de 1943 una rumorosa caravana avanzaba por la calle Barragán, adoquinada entonces solo hasta su intersección con Reservistas Argentinos y a partir de ahí de tierra, tratando de llegar a nuestra nueva cancha que se inauguraba ese día. Esa compacta masa de gente estaba integrada mayoritariamente por vecinos de Villa Luro, Liniers, Floresta, Flores, Mataderos, etc., es decir personas que  por convivir en esos barrios mantenían cierto grado de amistad entre si.

Lo mismo ocurría con algunos protagonistas del partido inaugural,  la mayoría de ellos muchachos nacidos y criados en esos barrios (el personaje de esta historia vivió en la calle Pizarro frente al viejo Fortín) lo cual establecía una vinculación directa entre admiradores y admirados. Por ese entonces, la generosa variedad de espacios abiertos brindaba la oportunidad de practicar el deporte del fútbol, tal vez único medio de esparcimiento, pero al mismo tiempo materia indispensable en la integración de la sociedad.

Como uno más entre el gentío, caminaba un muchacho que tenía una gran estatura, una estructura física notable. grandes sus manos, tupidos sus gruesos bigotes,….en pocas palabras:¡UN GRANDE EN TODO! …. Me estoy refiriendo a MIGUEL  RUGILO, el jugador que defendiendo los colores del fútbol velezano se transformó en inolvidable leyenda.

Encaramado en un montículo de tierra amontonada atrás del arco de la cabecera Oeste (en inicial período de construcción) presencié el partido que disputamos con el equipo de primera División del C. A. River Plate que ostentaba el título de Campeón Nacional, y que concluyó con un empate en 2 goles por bando (Ferraro a los 3 y Fernández a los 6 para Velez y Pedernera 2, -l de penal-  para River)

Era moneda corriente entre la hinchada que si Rugilo atajaba la primera pelota que llegaba al arco, se haría muy difícil después meterle algún gol. Ese día nuestro querido Miguel atajó el primer disparo que le efectuaron los delanteros  rivales, y confirmó ese aserto ya que principalmente en el segundo tiempo, el famoso equipo conocido como “La Máquina” sometió a nuestra defensa a un verdadero asedio, y de no ser por el extraordinario desempeño de nuestro héroe, las cifras finales hubieran sido otras.

Este genuino producto velezano se inició en nuestras divisiones inferiores y debutó profesionalmente en el Viejo Fortín en el año 1938, a la edad de 21 años. En el año 1945 es transferido al Club América de México, y al siguiente retorna a nuestra casa para jugar hasta 1952. Luego hubo un paso por el Club A. Tigre, una temporada en O Higgins de Chile y finaliza su trayectoria en el Club Palmeiras de Brasil en 1957.

Su larga carrera está salpicada de innumerables hazañas, entre las cuales figura, por ejemplo, la de haber atajado en el año 1949, 5 penales en partidos consecutivos, y tantas otras que sería muy extenso contar, pero hay una que se eleva a la categoría de antología y fue la que protagonizó en Londres jugando para la Selección Nacional, capitaneada  por nuestro recordado “Chupete Allegri” – contra su similar de Inglaterra el 19 de Mayo de 195l.

En la primera etapa Argentina ganaba con un gol conquistado por Boyé, pero el dominio de los ingleses era claramente ostensible y pese al notable desempeño de nuestros defensores, la situación se hacía insostenible en razón de que el trajín a que eran sometidos, iba agotando aceleradamente sus reservas físicas. Se dio en ese encuentro la paradoja de que un arquero – que normalmente es el jugador que menos actividad despliega – fuera el que más esfuerzo realizara.

Los ingleses tenían una única consigna: abatir a aquel gigante apodado esa tarde por Luis Elías Sojit como “EL LEON DE WEMBLEY”.

Debido a una lesión padecida anteriormente, y al interminable viaje previo, el entrenamiento de nuestro protagonista no era el adecuado, y sus continuas intervenciones acentuaban el dolor que sentía en el cuerpo, lo que motivaba algunos convulsivos revolcones que los espectadores no comprendían, y, entre sorprendidos y risueños, adjudicaban a una suerte de histrionismo particular de “Mostachos”, así bautizado por ellos mismos.

Esa tarde la figura de nuestro héroe fue publicada en muchos diarios del mundo, con una fotografía en la que se lo ve volando para detener un disparo, la mirada angustiada clavada en la pelota, el rictus de sus labios apretados bajo el grueso bigote, el pelo revuelto y su gran corpulencia extendida en el aire, en una actitud que denunciaba  su decisión de jugarse la vida para impedir la conquista del rival en las numerosas  oportunidades en lo intentaron.

El partido se perdió al final 2 a 1 (un dato estadístico que se recordará no por el resultado en si, sino por la antológica actuación de nuestro héroe)  que hoy a 61 años del evento es recordada por toda la afición futbolística, sin distinción de banderías.

No todos saben que a Yustrich, arquero de Boca lo llamaban “El pez volador”, que a Botasso de Racing “La cortina metálica”, que a Bosio de River “La maravilla elástica”, y así muchos otros, pero lo que nadie ignora ni podrá olvidar jamás es al legendario “LEON DE WEMBLEY”, arquero de Velez Sarsfield y vecino de Villa Luro.

No puedo aseverar que Rugilo fue el mejor arquero que hubo en la Argentina, pues ello sería objeto de comparaciones imposibles de realizar en razones de tiempo y circunstancias, pero en lo que no tengo dudas, es que ha sido y seguirá siendo el más recordado de todos.

Sin las estridencias que provocan aquellas personas en cuyas vidas la notoriedad es un ingrediente sustancial, desapareció físicamente a los 76 años, el 16 de Septiembre de 1993, dejándonos con el respeto de nuestra nostálgica evocación, en una última muestra de la modesta sobriedad que lo acompañó toda su existencia.

Quedará para siempre en los anales del fútbol argentino aquella fantástica actuación, pero será exclusivamente para nosotros, los de Vélez, el legado de su querida e inolvidable figura.

Osvaldo Gorga.

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UN LEON SUELTO EN TEMPLO DEL FÚTBOL

Miguel Rugilo nació en Buenos Aires el 19 de enero de 1919 y debutó en primera división- en reemplazo de Jaime Rotman- un 27 de noviembre de 1938 en el marco de una victoria ante Almagro por 6 a 0.

El 9 de mayo 1951, el arriesgado y corajudo guardameta de físico contundente y espesos bigotes con forma de manubrio- sello distintivo de su fisonomía- vivió su jornada consagratoria cuando se transformó en la figura estelar del choque amistoso entre Argentina e Inglaterra disputado en territorio inglés.

Pese a la derrota del Combinado Nacional por 2 a 1, esa tarde,  Rugilo escribió una leyenda que se agigantó con el tiempo y contó con dos condimentos necesarios para elevarla al escalón de epopeya: La legendaria rivalidad para con el calificado adversario; y el escenario donde se disputó el cotejo: el mítico e imbatido estadio de Wembley.

Su soberbia actuación (tapó 52 pelotazos en los 90 minutos), generó que el relator Luis Elías Sojit lo bautizara como “El León de Wembley” mote que lo acompañaría el resto de su vida. Los simpatizantes ingleses maravillados y encandilados por su rendimiento le brindaron una calurosa ovación al retirarse del terreno de juego y lo colmaron de gestos de admiración durante su estadía en la isla. Las fotos de sus revolcones y voladas coparon las páginas de los periódicos londinenses. El portero argentino se convirtió, por imperio de sus prodigiosas manos, en una celebridad. Las crónicas de época resaltaron su sobresaliente desempeño en campo pirata con citas elogiosas de las que extraigo la siguiente: “Como último baluarte de una defensa aguerrida el arquero realizó atajadas estupendas, con las que evitó un score de cifras abultadas” reza un laudatorio epígrafe de la revista “El Grafico”.

Aquella jornada gris de 1951, el gran Miguel se desprendió de su tradicional buzo, se calzó la pilcha de quijote, monopolizó la escena y dibujó una huella permanente en el concierto futbolístico internacional. El grandote desplegó en la cuna del balompié mundial su amplia dotación de recursos. Los ecos de su memorable tarea-mojón de su perpetua popularidad-resonaron al otro lado del Atlántico donde miles de compatriotas se agolparon en el Aeropuerto para aclamar su llegada, y traspasaron generaciones.

En estos tiempos, una labor de semejante nivel hubiera generado un aluvión de avisos publicitarios. Uno supone, que la imagen de su exótico bigote, hubiese producido, por ejemplo, una masiva venta de máquinas y hojitas de afeitar.

Referente del plantel profesional a partir de 1942, formado en las divisiones menores del Fortín, Miguel Rugilo protagonizó episodios que fueron almíbar para el gremio que se encarga de las estadísticas.

El celoso guardián del arco le contuvo dos penales al jugador de Talleres (RE), Catenazzi, en el Torneo de Ascenso de 1943, siendo el primer guardavalla en alcanzar esa marca en el fútbol argentino. Rugilo reiteró la proeza en 1950, al desviarles disparos desde los doce pasos a los jugadores riverplatenses Luis Castro y Félix Loustau.

Su año de gloria fue 1949. Durante esa temporada, “Lord Mostacho” (calificativo que le endilgaron los medios británicos) atajó cinco penales en cinco fechas consecutivas. Quienes no pudieron batirlo fueron: Higinio García (Racing), Isaac Scliar (Boca), Aradanza (Ferro), Santiago Vernazza (Platense) y Juan José Pizzutti (Banfield).

El “1” custodió La valla fortinera en 246 encuentros entre 1938-1944 y 1946-1952; y su resistencia fue vulnerada en 364 oportunidades. Integró uno de los más recordados trinomios de nuestra secular historia junto a Ángel Allegri y Oscar Huss.

Su trayectoria se completa con pasos por Tigre, León de México y O’Higgins de Chile.

Dedicado al comercio, propietario de una personalidad austera, Miguel Rugilo, histórico vecino de Liniers, colgó los guantes (una frase hecha, jamás los usó) en el Palmeiras brasileño en 1957.

Un crespón negro enlutó los tres palos el 16 de septiembre de 1993, día que ingresó a la inmortalidad quien los defendió como pocos: Miguel Rugilo.

 

Gabriel Martínez

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http://www.velezsarsfield.com.ar/homenajes/notas/2013/01/19/022637.html

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