HAZAÑA EN LA BOCA

 

En esa aventura que era jugar la Copa Libertadores, en ese momento por segunda vez en nuestra historia (la primera fue en la edición de 1980), cuando se sortearon los equipos que participarían en el grupo 2, nos toco la dupla brasileña de Cruzeiro y Palmeiras, además de Boca y muchos presagiaban una eliminación rápida. Pero este grupo de guerreros, nos regalarían, además de la Copa, partidos inolvidables, que quedaran marcados a fuego en la retina del hincha, como este encuentro del cual se cumplen 22 años, aquella tarde noche en la Bombonera el 23 de marzo de 1994.
Se llego a ese día, tranquilo e invicto, con una victoria (vs Palmeiras, gol de Asad de local) y dos empates 1-1 (vs Boca de local gol de Flores y vs Cruzeiro de visitante gol de Asad) y ellos con riesgo de eliminación.

Vélez formo con:

José Luis Chilavert.
Héctor Almandoz, Roberto Trotta, Víctor Sotomayor y Raúl Cardozo.
José Basualdo, Marcelo Gómez, Carlos Compagnucci y Christian Bassedas.
Omar Asad (Cecilio Galeano) y José Flores (Mauricio Pellegrino).

DT: Carlos Bianchi.

Boca: Navarro Montoya; Soñora, Noriega, Giuntini y Mac Allister; Peralta, Mancuso, Marcico y Carranza; Martinez y Da Silva.
DT: Cesar Menotti.

Arbitro: Javier Castrilli.

Bianchi lo planteo con inteligencia, con un doble 5 combativo, pero la expulsión de Compagnucci, a los 30 minutos del inicio, modifico un poco los planes, pero asi y todo creó algunas situaciones hasta llegar así al final del primer tiempo.
Algunos esperábamos alguna modificación en el equipo, pero el técnico mantuvo a los mismos 10, y en el arranque nomas, Vélez dio un golpe de nocaut. Ese pelotazo largo de Chila, al dúo de tanques, y en este caso el Turco, que con un zurdazo bárbaro, venció al Mono y con su bailecito clásico mirando a la tercera bandeja del Riachuelo, hizo estremecer a los hinchas.
Luego fue el partido dentro de lo que se esperaba, con ellos buscando con desesperación y nosotros, tranquilos y agazapados para el contraataque.
Faltando cerca de 15 minutos para terminar, llego el empate de Saldaña. Y a partir de ahí, fueron los minutos más largos de mi vida, y de todos los hinchas. Carlitos movió el banco (saco a los tanques por un volante de marca y un defensor) y en una jugada estratégica, ubico al Pepe Basualdo, de partido extraordinario, como única referencia de ataque.
Se nos paralizo el corazón en esa doble tapada de Chila en el descuento (mano a mano frente a Carranza y el rebote de Mancuso) y donde el reloj parecía de arena, no corría mas. Pero a 15 segundos de terminar los 3 minutos de descuento que Castrilli había adicionado, y con Boca más que jugado en ataque, llego ese pase genial del Negro Gómez para habilitar al Pepe Basualdo, que al mejor estilo de un goleador, definió al palo izquierdo del arquero y ahí si…el éxtasis, la emoción y la locura de los que estuvimos ahí, y de los que lo veían por televisión.
Ese grito estremecedor, ante un estadio en silencio, ese ver con mis ojos humedecidos y mientras abrazaba a mis amigos, a los jugadores en el festejo, también a todos los que estaban en el banco, frente a los palcos y allá a lo lejos, Chila en el otro arco, gritando frente al arco de Casa Amarilla, ese gol que nos daba el pase a octavos de final, a dos fechas de terminar la fase.
Para muchos, y me incluyo, era verlo ganar en ese estadio por primera vez (la anterior fue en 1980), y es algo que quedara grabado a fuego en la memoria y la historia de nuestro club, y al grito de “Vamos Vélez vamos, ustedes pongan huevo que ganamos, vamos a traer la copa a la Argentina, la copa que perdieron los leprosos y las gallinas”. Vaya que se cumplió el deseo de esa canción, pero esa es parte de otra historia, tan emocionante como esta.

YO LO VIVÍ, YO LO RECUERDO

Martin Gabriel Acuña

martin@somosvelez.com.ar
@gordo11875

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