HAY COSAS QUE NO CAMBIAN

HAY COSAS QUE NO CAMBIAN

En la derrota de ayer se vio una cara diferente a las últimas que había mostrado el Fortín. Posesión de la pelota, buena circulación, llegadas, intensidad y dinamismo. Muchas de las cosas que el Negro Gómez pretende de sus equipos.

Pero al mismo tiempo se vieron circunstancias repetidas: el equipo intenta pero no es claro en el tramo final, erra goles y comienza a caerse anímicamente hasta que aparece un gol rival y es un golpe de KO. Cuando se presiente que algo malo está por pasar, pasa. Y se sabe que después no hay recuperación. No hubo, en ninguna de las últimas derrotas, un momento en que el hincha creyera que se iba a dar vuelta el resultado y sólo un puñado de optimistas veía posible un empate.

Especialmente jugando de local, el nerviosismo de la gente cuando el resultado esperado no llega se traslada al campo, las piernas de muchos jugadores parecen pesar el doble, la pelota ya no encuentra al destinatario esperado y el desorden y desconcierto se generalizan.

Vélez volvió a sufrir la falta de liderazgo. La ausencia de jugadores que soporten la presión de tener la pelota, de jugar y hacer jugar. Y volvió a sufrir la ausencia de esa pizca de suerte que se necesita en un momento como éste: un rebote que confunda al arquero, un error del rival o del árbitro, algo que nos diga que hay un Dios, una Fuerza, algo que nos va a sostener y dar fuerzas para salir de este pozo que parece no tener fondo.

Por ahora nos queda aferrarnos a esa esperanza de lo mágico, lo místico, lo religioso. Al menos para rescatar algo de los seis puntos que hay en juego, tres contra un rival directo. Luego deberá hacer efecto el primer gran cambio, el que impulsó el socio con su voto y cambiando de nombres en la comisión directiva.

 

Alejandro Germino

ale@somosvelez.com.ar

@alegermino