GRACIAS POR ESA ALEGRÍA

GRACIAS POR ESA ALEGRÍA

En estos 24 años pasaron muchas cosas tanto en el club como personales pero el recuerdo de ese 8 de junio permanece intacto en mi memoria. Seguramente es por la importancia al ser el primer título que pude disfrutar.

Me resulta difícil describir lo que sentía en ese momento, lo que uno esperaba o como lo esperaba. La mía es una de esas generaciones que nunca lo habían visto campeón y que vivíamos atados al recuerdo de ese ya lejano 1968.

Ese martes arranco frío y con llovizna, un día de invierno dentro de un otoño frío. Como la gran mayoría la espera nos mataba así que temprano anduve por el club para esperar subir a los micros que nos iban a llevar a La Plata. Al llegar a 1 y 53 el clima no había cambiado ni un poco, la llovizna no cedía y te calaba los huesos pero la excitación era tan grande que no nos importaba nada.

Ahí estábamos, en esos tablones de la vieja cancha de Estudiantes. Éramos los mismos de siempre, al grupo solo le faltaba Andrés que por laburo no había podido ir. No te quiero aburrir con la crónica de un partido que viviste como o que te lo contaron mil veces pero solo me quiero detener en esos minutos donde Vélez ganaba, River perdía y éramos campeones, me quiero detener en esas lagrimas calientes que se mezclaban con la llovizna fría; quiero volver a ese abrazo con Carlitos donde ambos nos gritábamos: “SOMOS CAMPEONES CARAJO”. Pero vino el desubicado de Paris para clavar un zapatazo y llenarnos de dudas. Con River ya fuera de competencia la definición pasaba para la noche donde Independiente debía ganarle a Belgrano para aspirar a sacarnos el título en la última fecha.

La vuelta a casa fue entre expectante y con miedo. Llego la ducha caliente y la cena tempranera para encerrarme en mi cuarto con la radio bajo la almohada para escuchar el segundo tiempo de un Independiente que no podía doblegar a Cancelarich y empataba en 0 con Belgrano. Víctor Hugo en lugar de decir terminó el partido solo dijo: “Vélez Campeón” y ahí explote, salí de la pieza y me tire al piso mientras lloraba y repetía “Somos Campeones, Somos Campeones”. Lo siguiente fue cumplir la promesa contraída en febrero cuando arrancaba el torneo y así fue que antes de irme para Liniers entre al baño a afeitarme.

En la cancha estábamos todos, dando la vuelta en el barro, abrazándonos, festejando con los jugadores y el DT, por ahí andaba Don Ricardo Petracca abrazando a todos con una sonrisa serena pintada en su cara.

Sera que fue el primero, será que uno no sabía cómo festejar pero te juro que es el campeonato que más disfrute y creo que a todos los que no habíamos vivido el 68 les pasa exactamente igual.

Salud Vélez de mi vida, gracias por esa alegría.

 

Juan Pablo Muzzio

juanpablo@somosvelez.com.ar

@jpmuzzio72

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