FALTA DE SIMPLEZA

FALTA DE SIMPLEZA

Vélez no arrancó el año de la mejor manera y se ve no sólo en resultados sino en el rendimiento individual y colectivo. La claridad que se mostró en la primera parte de la Superliga estuvo ausenta en gran parte de este 2019.

Igual que con el huevo y la gallina, es imposible determinar si el nivel colectivo del equipo de Heinze cayó por jugadores claves que no están en un buen momento o si aquellas piezas se vieron afectadas por un rendimiento general que no ayuda. El análisis es más sencillo cuando se repasa el bajón individualmente y los máximos exponentes de esa merma futbolística son los pilares que le dieron un funcionamiento que ilusionó al hincha: Gastón Giménez y Nicolás Domínguez.

La dupla de volantes centrales se caracterizó por el despliegue, la recuperación y la generación de juego. Los dos realizaban movimientos permanentemente de forma natural y sorprendían por la facilidad para iniciar jugadas cerca del área propia y llevar el riesgo al arco rival. La principal característica de ambos era que parecían saber lo que pasaba en toda la cancha, se anticipaban a la jugada y sabían a quién iban a pasarle la pelota antes de recibirla. Esto se vio en el segundo tiempo contra Estudiantes, en pasajes del partido contra Colón, en el primer tiempo contra Tigre y no mucho más. Ni siquiera en la victoria ante Godoy Cruz se logró esa simpleza que el entrenador “reclamó” en las últimas conferencias post partidos. En estas fechas tanto Domínguez como Giménez arriesgaron de más en la salida, complicaron a sus compañeros con los pases y buscan habilitaciones entre líneas difíciles, en lugar de optar por un pase claro al compañero libre.

No quiere decir esto que ellos dos son los únicos culpables del pozo en el que cayó Vélez. El técnico se vio superado por el planteo rival en diversas ocasiones y erró en los cambios en las últimas caídas. Al viejo déficit de la falta de contundencia en ataque, se le agrega la inseguridad defensiva. Laso se reitera en faltas innecesarias y pierde duelos mano a mano que antes ganaba; el desequilibrio individual de Vargas parece ser la única receta, pero cuando no sale el Mono se fastidia con él y con sus compañeros.

Vélez necesita recuperarse para afrontar las tres finales que le quedan. Son rivales directos y hay riesgos de terminar la Superliga con las manos vacías. La dupla Gímenez – Domínguez marca el ritmo y el estilo del equipo. Para arrancar de vuelta, hay que hacer las cosas simples y desde allí apostar a algo más.

Alejandro Germino

@alegermino