DE VÉLEZ COMO ELLOS

DE VÉLEZ COMO ELLOS

Viernes, día de una intensa lluvia y ninguno de los dos sabe porque estamos yendo a la cancha. Será porque sabemos que este partido es especial, será porque es contra River y porque sabemos que Vélez nos promete pelear el campeonato como siempre.

Recién tercera fecha, mi viejo nos pregunta si estamos seguros de ir a pesar de la lluvia y mi abuelo de 70 años le dice que me pone el piloto y las botas para no mojarme así no me resfrío y el lunes puedo ir al colegio, con eso lo convence y nos vamos para el Amalfitani. El se queda en casa porque está arreglando “no se que que se rompió”.

Tomamos el 343 como siempre, nos bajamos en Ciudadela/Liniers y caminamos al estadio, alfajores Guaymallén y una latita de Pepsi (siempre Pepsi por sobre Coca) para la previa. Se termina la lata y en el trayecto por Juan B. Justo se transforma en una pelota que me ayuda a hacer una decena de goles que los grito pensando que soy El Chila, el Turco o el Turu. Nada me saca de la cabeza que ellos son los que me hicieron gritar siempre. 

Llegamos, mi abuelo va a la boletería y saca las dos entradas, me da la mía:

“Tomá, guardala porque estas cosas se coleccionan”.

Hago caso y la llevo apretada en mis manos, atesorándola como si de ella dependiera mi vida. Una vez que ingresamos y nos vamos para la tribuna me frena, controla que tenga los cordones atados, me acomoda la capucha del piloto me da un golpecito en la cabeza -esos golpes que te hacen saber que lo que querían chequear “ya está”- y me deja ir corriendo hacia la entrada a la popular. Lo espero para entrar y cuando llega me dice:

-“¿Que lindo es todo esto no?”, el todo esto son las banderas, la gente cantando, los gritos en la previa, las apuestas de quienes van a hacer los goles, todo eso que engloba la previa del partido, de esos partidos que nos generan un cosquilleo incesante.

Empieza el partido, el nerviosismo típico de todo partido y viene el gol de River y con ese resultado termina el primer tiempo. Mi cara de tristeza es evidente porque me consuela con un: “Ahora el Chila como siempre nos salva”.

Arranca el segundo tiempo y empata el Rifle, grito de gol desesperado de los dos, abrazo y otro de esos “golpecitos” en la capucha del piloto que hace que se chorreen las gotitas que quedan colgadas y me mojan la cara.

Sigue el partido y a los minutos hay una falta en la mitad de cancha. Chila sale corriendo y mi abuelo me afirma -como buen futbolero experto que es para mí- que le va a poner un bochazo a los delanteros para que se vayan solos contra Burgos. ¡Que equivocado que estaba!

Chila le da un viandazo terrible y la pelota vuela, vuela y no deja de volar hasta que se mete en el arco de enfrente. GOOOOOOOOOOOOOOL, GOLAZO y el abrazo que me pega me apretuja todo el cuerpo, como loco me grita “Maxiiii! Es el mejor gol que vi en mi vida” a esa altura pensamos que después de eso no puede pasar mas nada y nos vamos abajo en la popular para después salir más rápido cuando termina el partido. Viene el empate de Crespo y mi cara de culo debe ser muy notoria porque el me pone el brazo en el hombro y no lo saca de ahí en todo el partido.

Se va esfumando la ilusión y de repente Popeye Herrera mete el 3-2, salgo corriendo y cuando ve que quiero “treparme al alambrado” me grita: 

-“Vení para acá que si te pasa algo tu viejo me mata”.

Hago caso y me quedo quieto al lado suyo. Termina el partido, salimos y mi viejo nos espera en el auto para que la vuelta no sea tan tediosa esperando el colectivo.

Trece años después se da una situación similar. Terminamos de almorzar y nos subimos al bondi para ir a la cancha a ver al Vélez de Gareca, ese equipo que nos está ilusionando con festejar después de 4 interminables años sin ganar un campeonato. Mismo ritual: bondi, alfajores pero ahora con un cafe que reemplaza a la Pepsi y con entrada en mano nos mandamos para la popular. 

Sus rodillas no son lo mismo que eran antes, ahora tiene 83 y algunos achaques de la edad, y por eso nos quedamos a un costadito en los primeros escalones donde las banderas no nos tapan. Tengo 20 y no voy con amigos ni nada por el estilo porque tengo el deber de devolverle todo lo que el me dio en la infancia.

La historia la sabemos todos, penal de Rorro López que es atajado (pensé que le daba un bobazo y no la contaba), granizo y el equipo que va para adelante sin conseguir el gol del campeonato. De repente sale un pelotazo al vacío, pica Larrivey y se tira al piso a trabar, choque con el arquero y la pelota que le queda a Moralez. GOOOOOOOOOOOOOOOOOOL de Vélez y campeonato!!! Grito de gol, abrazo interminable y últimos minutos. Brazenas pita el final, lo veo que quiere salir corriendo para treparse del alambrado y le grito:

-“¡Vení para acá que si te pasa algo papá me mata!”


Mi abuelo se murió hace unos años, nunca fuimos juntos a la cancha porque no compartíamos el equipo y siempre me pregunté como hubiesen sido las cosas si el y mi viejo fuesen de Vélez como yo o, mejor dicho, si ellos hubiesen sido de Vélez y yo hubiese compartido sus colores.

Conociendo el fanatismo que tuvo mi abuelo por el fútbol creo que las cosas hubiesen sido más o menos así, llevándome a todos lados primero el a mi y después yo a él. Con unas claras ganas de gritar abrazados los goles y putear de bronca los dos cuando los resultados no acompañaran mientras mi viejo nos miraría contento por saber que pudo ir a la cancha con su padre y su hijo. 
La realidad marca que no es así, mi abuelo fue hincha de Boca, mi viejo es hincha de Racing y por eso nunca compartimos una cancha los tres. Si pude hacer que mi viejo venga al Amalfitani y lo acompañé al Cilindro pero nunca pudimos saber ni sabremos lo que se siente gritar los dos juntos el gol del cuadro que somos hinchas. 
Maxi Eze Pardo
@MaxVelez_