“CUANDO VOS REALMENTE TENÉS UN SENTIMIENTO DE PERTENENCIA, NUNCA MÁS LO PERDÉS”

“CUANDO VOS REALMENTE TENÉS UN SENTIMIENTO DE PERTENENCIA, NUNCA MÁS LO PERDÉS”

Esas son las palabras con las que Daniel Willington define su amor hacia el Fortín. Asimismo, “El Loco” repasó su carrera como futbolista, los lazos inquebrantables que construyó en sus años en Liniers, el presente del equipo, sus experiencias y hasta opinó de la Selección Argentina.

El famoso cordobés” apodo por cómo era mencionado por los hinchas de Vélez en cada partido en el Fortín. Privilegiado con una técnica descomunal y una visión de juego digna de un gran número “10” como lo era dentro de las canchas y que aún mantiene en otro ámbito, como lo es su vida cotidiana. En una entrevista exclusiva con Somos Vélez en el de barrio Alta Córdoba, Daniel rememoró su historia de amor con el Fortín y su desempeño en el mismo, entre otros temas.

-¿Cómo fueron tus inicios en el fútbol profesional?

-La base fundamental de un jugador de fútbol es ser una persona común y no creerse nunca nada. Llegue a Talleres a los 17 años y de a poco me fui haciendo un lugar y aprendiendo de los más grandes, lo que después me posibilitó llegar a Vélez en el 62 en donde me encontré con jugadores de calidad.

-Don Victorio Spinetto te convenció para que vengas a Buenos Aires. ¿Qué recordás de tu debut con la camiseta de Vélez?

-En ese momento el entrenador era Spinetto y en mi primer partido contra Argentinos Juniors, me sacó a los 20 minutos y yo pensaba que no servía para nada, entonces Don Victorio me dijo que me sacó para que no me golpeen ya que el rival tenía jugadores muy rústicos. De todas formas yo pensé que me iba a ir, pero por suerte encontré una persona que fue como un segundo padre para mí: José “Pepe Amalfitani”.

-Muchos dicen que Spinetto era un líder dentro del vestuario y que sus jugadores lo respetaban mucho. ¿Qué suceso podes contar acerca de esto?

-Recuerdo una vez que no se nos venían dando los resultados y en ese momento Raúl Gámez era el capo de la Barra de Vélez. Por lo tanto le escracharon las paredes de la casa a Don Victorio Spinetto y yo al otro día me agarré con Gámez y le dije que la culpa la teníamos nosotros los jugadores. Entonces esa misma tarde él junto a los muchachos de la hinchada fueron y le arreglaron la casa a Don Victorio. Con Pistola somos hermanos hoy en día.

Mencionaste a José Amalfitani como un padre postizo. ¿Por qué?

-A los 6, 7 meses Don Pepe me quitaba la plata porque yo me la gastaba toda en la joda. En ese momento me querían varios equipos incluso la Juventus de Sivori, pero cuando se enteraban como era mi conducta desistían. Entonces, Amalfitani, se sentó conmigo y me dijo que conocía mi forma de ser pero que él depositaba la confianza en mí y que yo tenía que devolverle de la misma manera y nos pusimos de acuerdo. Don Pepe era como un padre para mí y Spinetto también. Ellos me ayudaron a que no me mareara con los chiches que te da el fútbol porque la fama es puro cuento, la humildad es mucho. Cuando vos sos humilde vas a poder llegar a cualquier lado pero si te haces el vivo solo durarás un tiempo.

-Por lo que contás Don Pepe fue un pilar fundamental en tu vida…     

-Sin dudas. Llegó un momento que me hizo comprar la casa y un auto; yo viví dos años en la pensión del club y estar allá no fue un martirio, sino una ilusión en la que uno se proponía a donde quería llegar con el fútbol y en la cual se empezaba a gestar ese sentido de pertenencia con el club. Por eso, siempre le digo a los chicos que tienen que tener la capacidad para divisar a dónde quieren llegar. Lo que vale es la voluntad y el sacrificio de ellos, las circunstancias ya son otra cosa.

Hablas de lo que tratás de inculcarle a los juveniles. Hoy Vélez tiene un equipo plagado de juveniles. ¿Creés que tienen ese sentido de pertenencia del que mencionas y que podrán sacar al club adelante?

-Lo de la pertenencia es relativo pero deberían tenerla. Sabemos que actualmente Vélez no anda bien futbolísticamente y que tuvo un gran éxodo de jugadores, que a mi parecer tenían que irse e incluso lo llamé a Raúl y le dije “loco hay un par de vagos que se tienen que ir y darle lugar a los chicos”. Por eso, si revisamos la historia de Vélez, todos sabemos que la solución del club a estos momentos fueron los chicos de la cantera y esta vez no va a ser la excepción. Hay muchos jóvenes con gran proyección que le van a dar rédito al club en un futuro no muy lejano.

-Volviendo a tu época como jugador. En 1968 junto con tus compañeros sacan campeón a Vélez. Si bien, años más tarde el club ganó varios títulos, ustedes siempre serán recordados porque fueron los primeros, los que iniciaron el camino. ¿Cómo recordás aquel campeonato y cuáles fueron tus sensaciones?

-En el 68 Vélez tenía un equipo para superar a cualquiera ya que hacía más de 6 años que veníamos jugando juntos. El plantel había sido formado por Spinetto, esto no quiere decir que Giúdice no haya tenido mérito, pero Don Victorio fue el que armó la base. Éramos un equipo humilde y unido pero con la ilusión de ser más y en el partido final contra Racing lo pudimos lograr. Para mí fue el punto máximo, porque pude devolverles a Don Pepe y a Vélez todo lo que me habían dado (pide unos momentos mientras lagrimea producto de la emoción y la gratitud eterna).

-Salen campeones y clasifican a la Copa Libertadores. ¿Por qué no la jugaron?

Amalfitani no quiso entrar a la Copa Libertadores porque en ese momento el club perdería mucho dinero entre los viajes y demás. Mira si el viejo tenía virtud de saber lo que pasaba, a él no le gustaba que Vélez salga campeón. Don Pepe decía que prefería salir tercero o cuarto para mantener la economía estable.

-De ahí viene la frase de Don Pepe: “Si quieren salir campeones háganse de Boca o River”…

Sí (se ríe), José era tremendo con ese tema. Un día el presidente de Boca (Alberto José Armando) nos invita a José y a mí a conocer el complejo deportivo del club, con la intención de contratarme. Entonces yo lo llevaba del brazo al viejo porque no veía mucho y me dice: “Loco estos te quieren traer para acá, pero vos sos nuestro y van a tener que vender la cancha para pagarte”, cuenta entre risas. Otra anécdota que recuerdo; una vez yo me iba a River porque ofrecían 10 millones de pesos y el préstamo de 5 jugadores, pero me junte con Don Pepe y él me dijo: “Flaco me ofrecen 10 palos y varios jugadores que ganan fortuna pero yo quiero que te quedes. ¿Vos te querés quedar?”, y yo le dije que sí pero que me aumente el sueldo, porque el viejo te cuidaba hasta el último centavo (se ríe). Y bueno nos pusimos de acuerdo y me quedé, porque no solo era feliz en Vélez sino también porque tenía un tipo que me quería y un público que me amaba.

-Decís que en ese momento te sentías feliz en el club. ¿Cuál crees que es la base para sostener esa felicidad ante las tentaciones del mundo del fútbol?

La fórmula es la humildad. Siendo humilde de corazón te van a querer todos. Carlos Bianchi, por ejemplo, ha ganado absolutamente todo y lo felicito porque fue compañero mío y lo apreció. Pero yo creo que los sentimientos que tienen los hinchas de Vélez hacia mí por la humildad, son otra cosa. No digo que Carlos no sea humilde, pero somos diferentes. Yo tengo mi forma de ser y él tiene la suya.

-Después te tocó irte del club. ¿Por qué se dio tu partida?

-Ojo. Yo no me quise ir de Vélez, a mí me echaron. Cuando se muere Don Pepe, asume José Ramón Feijoo y el primer día de la pretemporada llegué tarde y me encuentro con el presidente de Nacional de Montevideo, el cual sabía que Vélez me iba a dejar libre y yo ni enterado. Pasándolo en limpio, yo me voy del club por un capricho del presidente. Por eso, Pichino Carone me lleva a México.

-Tuviste un paso fugaz por México. ¿Cómo fue tu vuelta a la Argentina y por qué no pudiste volver a Vélez?

-Cuando vuelvo de México, iba a jugar un partido con los veteranos en la cancha de Vélez con la esperanza de que me digan para volver al club y Feijoo dijo que si yo jugaba, el partido no se iba a poder hacer en el estadio. De todas formas, Gámez convence a Feijoo para que yo pueda volver a Vélez y éste me llama, pero me quería poner demasiadas limitaciones.

-Entonces te fuiste a Huracán…

-Desgraciadamente me tuve que ir a Huracán. Todos dicen que Bonavena me llevó, pero no fue así, yo hablé con Menotti y me recibió con los brazos abiertos. Lamentablemente, tuve varias lesiones y una expulsión arreglada (le dieron 7 fechas de suspensión) entre una de las figuras del equipo que usaba la “10” y el árbitro, para que me limpiaran del equipo porque yo le había ganado el puesto. Pero bueno, después estuve un año en Instituto y volví a Talleres, equipo en el cual tuve la suerte de haber jugado más de 15 campeonatos y después como técnico haberlo ascendido a la Primera División como campeón.

-¿Cómo se dio el regreso a Vélez en 1979?

-En 1978 voy a la inauguración del nuevo estadio de Vélez. Pero a mí me declaran viejo y me mandan a jugar con la selección de la Liga Cordobesa contra la Selección Argentina. Y claro, cuando empiezo a jugar se dan cuenta que yo no estaba acabado y me ve Spinetto y dice: “Éste es nuestro”. Pero la gente de Talleres también estaba, porque al otro día los chicos de la tercera jugaban un partido importante para clasificar al Nacional y me pidieron que vaya y bueno fui. Ganamos el partido, ni gracias me dijeron y me volví a Vélez, en donde me recibieron de mil amores pero tuve la mala suerte de lesionarme y no pude jugar mucho. Entonces me fui para Estados Unidos, a pesar de que mi idea era terminar en Vélez.

-Mirando un poco para el lado de la Selección Argentina. ¿Te quedó alguna cuenta pendiente?

-La verdad que no. A los dos meses de haber llegado a Vélez fui internacional, hice un gol en la cancha de River contra Uruguay, que fue el único. Estuve 9 años en la preselección, incluso integré el plantel que en el 70 perdió con Perú en la Bombonera. Pero ese mismo día, yo elegí irme a jugar a Formosa con Vélez, porque si no Don Pepe me cagaba a pedos, si me lesionaba: “Anda que te pague la AFA”, me decía.

-Hablaste del fatídico partido ante Perú de 1970, justamente dentro de poco se repetirá la situación en el mismo escenario. ¿Por qué crees que se llegó a esta instancia?

-Ahora jugar en la Selección es un capital por todos los sponsors que te pagan. Pero así y todo vestir la camiseta de tu país es un lujo, pero que lo tenés que cuidar día a día de una sola manera: ganando. Y si Argentina, quiere clasificar al mundial deberá ganar ya que si no lo hace tendrá mucha repercusión en la sociedad, debido a la jerarquía de jugadores que tiene.

-¿Qué cambios encontrás entre los jugadores de la Selección Argentina de tu época con los que están ahora, con respecto a la convivencia? ¿Influye en el presente del equipo?

-Son diferentes las formas de pensar. En ese momento vos pensabas solo en jugar el fútbol y ahora este aparato con el que me estás haciendo la nota (celular) cambió todo, en especial en la comunicación. Porque antes se hablaba más, yo sabía los problemas que vos tenías y vos sabías los míos, entonces adentro de la cancha yo te voy a dar una mano y viceversa. Eso se llama amistad dentro de la cancha y vamos a trabajar para cumplir el objetivo que tenemos en común. Ahora están todos con el telefonito en la mano y no se conocen más que por las redes sociales.

-Regresando a Vélez y para cerrar. ¿Cómo podes definir tu amor hacia al club y que es lo que te dejó tu paso por el mismo?

Yo a Vélez le di todo y Vélez me dio todo lo que una persona necesita para ser feliz, soy un acérrimo del club. Entonces cuando vos realmente tenés un sentimiento de pertenencia nunca más lo perdés y eso es lo que me pasa hasta el día de hoy con Vélez, nunca podré desligarme del club.

Juan Manuel Meza Coronel

jmanuel@somosvelez.com.ar

@MezaJM12

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